Perilla Apellido

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Algunos amigos míos me preguntaban suspicazmente por qué me había embarcado en este dispendioso trabajo que ya completó poco más de veinte años y que parecía ser –según ellos- la peor manera de perder el tiempo y empobrecer lenta y seguramente.

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Perilla Mapa de Distribución de Apellidos

LugarIncidenciaFrecuenciaRango en el área
Colombia11,7601:4,062642
Filipinas2,3741:42,6456,785
Estados Unidos4281:846,86764,596
Venezuela831:363,9057,786
España501:935,04135,950
Ecuador461:345,7799,453
Canadá301:1,228,18688,140
Argentina211:2,035,401100,871
Brasil161:13,379,646256,605
India161:47,941,586492,263
Australia71:3,856,529135,538
Panamá71:558,8949,437
Italia71:8,736,670118,213
Catar61:393,00055,922
Malaui41:4,279,77724,060
Nicaragua31:2,007,0306,490
México21:62,063,10283,384
Costa Rica21:2,390,03410,205
Perú11:31,784,12364,452
Bélgica11:11,496,644167,539
Chile11:17,616,47493,597
Suiza11:8,212,915156,297
Arabia Saudita11:30,855,81763,028
República Dominicana11:10,432,93236,508
Guatemala11:16,082,66812,169
Inglaterra11:55,718,059489,080
Países Bajos11:16,887,176156,465
Francia11:66,422,722504,397
Alemania11:80,505,459560,955
Hong Kong11:7,335,48316,643
LugarIncidenciaFrecuenciaRango en el área
Estados Unidos31:16,739,561595,711

Las formas alternas: Perîlla (1) se calculan por separado.

Perilla (200) también puede ser un nombre de pila.

Perilla Significado de Apellido

Referencia presentada por el usuario

Algunos amigos míos me preguntaban suspicazmente por qué me había embarcado en este dispendioso trabajo que ya completó poco más de veinte años y que parecía ser –según ellos- la peor manera de perder el tiempo y empobrecer lenta y seguramente. No supe qué responderles frente a eso, pero creo entrever una obsesión que aún me acompaña y que me ha llevado a tratar de encontrar explicaciones para este crisol de culturas que es Colombia –y toda América, a decir verdad. Usando como pretexto la búsqueda de mis antepasados vine a descubrir que mi verdadera vocación está desentrañar los disparates y las lacras de esta sociedad que nos tocó en mala suerte por la herencia maldita de quienes tenemos raíces españolas, portuguesas y francesas. Y digo 'herencia maldita' porque no puede haber mejores palabras para describir el yugo que la Iglesia Católica Romana impuso en Europa a estas naciones y que luego fue trasplantado, con imperio y todo, a las colonias latinoamericanas. Por herencia nos llegó el desprecio por las libertades individuales y la democracia; por herencia nos llegó el gusto para esclavizar al prójimo y asesinarnos en guerras fratricidas creyendo ilusamente que todas las luchas intestinas e internacionales que han brotado en nuestro suelo, son –como nos lo han querido hacer creer desde el Vaticano- para la gloria de Dios. Pero ese es un tema no oportuno para esta ocasión.Una cosa sí es evidente: la independencia surge en América tan pronto desembarcan los primeros colonos europeos. Son personas que llegan huyendo de la tiranía monárquica y del hambre que asola el Viejo Continente. Cuando uno se adentra en la genealogía –que es la historia del hombre, claro que sí- se da cuenta de que el establecimiento de los sistemas democráticos únicamente prosperan en Estados Unidos debido precisamente a que la Iglesia Católica tiene muy poca injerencia en el surgimiento de ese país como un Estado democrático; antes, al revés, son los jesuitas quienes urden y llevan a cabo la penosa guerra civil (norte-sur) de esa nación, con el fin de preservar sus negocios, sus plantaciones con mano de obra de esclavos, y para propagar la plaga de ciegos creyentes y súbditos del imperio del papa.En este trabajo se podrá comprobar que miembros de una misma familia han luchado en bandos opuestos en épocas de conflicto. Mientras uno puede ser guerrillero, un primo decide combatirlo como coronel del ejército. Mientras una persona es antieclesial, su hermano de sangre lo asesina en nombre de la Santa Sede; mientras uno es arzobispo, su sobrino decide –cuando es nombrado presidente- expulsar a todos los jerarcas católicos del país. Mientras alguien es un poderoso industrial, su primo se muere de hambre en la ignominiosa pobreza. Al tiempo que un miembro de esta familia es considerado una lumbrera intelectual a nivel mundial, un primo hermano ni siquiera sabe leer. Todo eso se encuentra en este libro.Mi abuela, Irene Perilla Barreto, fue quien primero sembró en mí la curiosidad por mis ancestros. Vivía ella muy orgullosa de los suyos pero, al mismo tiempo que me inculcaba la pasión por la investigación histórica y genealógica, me recordaba continuamente y a modo de advertencia que de nada sirven antepasados ilustres sino únicamente como estímulo para esforzarse y merecer llevar un apellido, cuando no mejorarlo.Por 'mejorarlo', siempre he entendido que uno debe ser fiel a sus ideas y consecuentemente valeroso a la hora de esgrimirlas. No hay otra manera de hacerlo. Con el pasar de los días y años inmerso en esta búsqueda, encontré todo tipo de parientes lejanos y cercanos. Ministros, escritores, obispos, guerrilleros, brujos, adivinos, diplomáticos, lavanderas, leñadores, camioneros, profesores, campesinos, labradores, déspotas, libertarios, cirujanos, abogados, artistas, historiadores, comerciantes y hasta dos o tres condes de la realeza europea. Cada uno, a su modo, ha sido fiel a sus ideales; cada uno ha buscado hacer bien lo que mejor sabe hacer.Con la excusa de este trabajo entrevisté a muchísimas personas, algunas de los cuales me narraron una historia que empezó a interesarme desde el punto de vista antropológico, por lo fantástica y porque a pesar de que las fuentes ni siquiera se conocían entre sí el relato se conservaba casi intacto y sus partes más importantes no sufrían ninguna modificación.Decía la historia que el primer Perilla que llegó por aquí le había hecho 'algo' a un obispo y que éste, en venganza y antes de quemarlo vivo, había lanzado una maldición contra sus tres hijos que lograron escapar de las llamas pero no de la anatema del prelado. Lo realmente descabellado de esta historia no era pensar en una maldición, sino que, decían mis informantes, ese Perilla era un conde que había llegado a Pamplona donde construyó un gran Castillo que se convirtió en su fortaleza. Es sabido por todos que sólo una minoría de los conquistadores podían alegar un pasado noble, pero ninguno de ellos se atrevió a inventarse un título de conde. Además, pensar en un castillo en Pamplona.... Francamente inverosímil.La sola idea de tener en cuenta este relato seguramente causaría sonrisas de compasión a cualquier investigador serio. Pero yo quería averiguar cómo y dónde se había originado está fábula.Lo primero que hice fue investigar si algún Perilla estaba entre los soldados de la Conquista. Nada. Encontré un antepasado del apellido, llamado Antón de Castro, portugués, quien llegó con Quesada a fundar a Santafé y Tunja, y que descendía por línea de varón del Rey de Portugal, don Juan II. Antón de Castro fue uno de los que hicieron frente al pirata Drake en Cartagena, lo que le valió un elogio de don Juan de Castellanos quien escribió del portugués:«Fuerte Descubridor de los primeros, el cual tiene con ser honroso cano, vivos y fuertes los aceros.....»Pensé que éste era mi hombre. Escudriñé un poco más su historia pero no le había 'hecho algo' a ningún sacerdote ni llevaba título de conde ni duque.. Ni siquiera de barón.Seguí la búsqueda y encontré a otro hombre: Jean de Bethencourt, barón, cuya historia se narra más adelante, pero al poco tiempo lo deseché como el protagonista de esta leyenda de la maldición ya que él y su mujer no tuvieron hijos y tal apellido se propagó en España y Portugal gracias a su sobrino, Maciot de Bethencourt, el segundo y cruel rey feudatario de las Islas Canarias.Después de un par de años había acumulado varias historias de guerreros cristianos que lucharon contra los moros; de brujas quemadas durante la Inquisición; de guerrilleros, de castillos, de traiciones.... Pero por ningún lado aparecía la historia de la maldición.Un día descubrí que varios de los descendientes de don Esteban de Bethencourt Barreto habían pertenecido a logias masónicas, entre ellos José Ignacio de Márquez, Rufino Cuervo Barreto y otros que aún están vivos. Me interesé tanto sobre el surgimiento de la masonería y de las órdenes de caballería, que acabé remitiéndome al Cantar del Mío Cid, a la Canción de Roldán, a la leyenda del Rey Arturo, y a otros romances y escritos épicos En esas estaba cuando don Manuel Ballesteros Gaibrois me envió desde Madrid un romance de Wolfram Von Eschenbach que hablaba del Santo Grial; decía que éste, en la primera mitad del siglo XIII, estuvo resguardado en un Castillo, Montségur, situado en los Pirineos franceses y cuya construcción se remontaba al siglo IX. Lo curioso era que el señor del Castillo se llamaba Ramón de Perilla. Y era conde.Inicié la búsqueda sobre el cátaro Perilla y pude enterarme de que era señor de los castillos de Perilla, Laroque de Olmes y Alzen. En 1243, un ejército inquisidor que reunía hombres del Rey y de la Iglesia franceses, sitió el Castillo de Perilla: Montségur. Entre los agresores se encontraba Pierre Amiel, arzobispo de Narbonne y jefe religioso de esta cruzada. El conde Perilla resistió heróicamente hasta enero del año siguiente pero el asedio continuaba y la situación se hacía cada vez más dramática. Había que salvar el Santo Grial y los tesoros 'en cantidades infinitas' que se guardaban allí.Ramón de Perilla intentó una empresa desesperada. Envió varios hombres que descendieron por la escarpada montaña con el fin de abrirse paso hasta la barbacana para incendiar el aparato. Pero el operativo fracasó y "al día siguiente de esa noche trágica, el cuerno sonó sobre los muros de la fortaleza... Ramón de Perilla pedía negociar.."Montségur se rendía. Las negociaciones concluyeron el 1 de marzo de 1244 después de un asedio de nueve meses. Una vez ocupado el Castillo, el obispo dispuso en dos filas a quienes renegaban de su fe y los que no. Ramón, la joven Esclarmonde de Perilla, hija suya; su madre Corba y su abuela Marquesia de Lantar formaron entre quienes no claudicaron. No hubo tiempo para erigir patíbulos. El obispo los maldijo y los condenó a la hoguera que se improvisó en el Castillo. Con lo que no contaba el obispo, era con la huída de tres hijos varones de Ramón... Su destino no fue conocido... Apartándonos de toda la leyenda que rodea el culto del Grial, no deja de ser interesante la coincidencia. Según la Historia, Raimon de Pereille abandonó su castillo sin motivo aparente. En el romance de Wolfram, el señor del Castillo Montsalvat (así se llama Montségur en el poema) salió huyendo con muchos de sus hombres debido a que en la época estos cátaros eran perseguidos porque se sospechaba de su relación con el Grial. En el Nuevo Reino de Granada, el primero que llevó este apellido fue Juan de Perilla, encomendero de Pamplona en 1553. Según la visita de don Cristobal Bueno, don Juan de Perilla aún seguía allí como encomendero de los pueblos Quisquira, Yscalagueta, Mene y Labraca. Sus descendientes fueron quienes fundaron y poblaron en el Valle de Tenza.Hace poco tiempo, Daniel Perilla, hijo de Otto Perilla Merchán, se realizó un estudio genético para rastrear su cromosoma paterno. Se encontró que pertenece al tipo R1b, que posee el hombre conocido como de Cromagnon, que se asentó en el Oeste de Europa. El tipo R1b, que posee Daniel Perilla –y que heredó de su padre, y éste del suyo, etc.- tuvo como punto de partida a Inglaterra e Irlanda; de allí pasó a algunas partes de España y Portugal. Es en el Este de Irlanda donde existe mayoría de personas con este tipo R1b. Esto significaría que los varones descendientes del primer Perilla, en realidad no se asentaron en Francia, España o Portugal, el tiempo suficiente o en número necesario como para dispersar sus genes ampliamente en esas regiones. Podemos aventurar, entonces, que mientras el grueso de la población poseedora de este linaje R1b permaneció en Irlanda e Inglaterra, algunos cruzaron hacia España y Portugal, y otros –mucho menos numerosos- llegaron hasta Francia, Dinamarca, Italia, Suiza, Bélgica, Austria, Latinoamérica y Polonia (en ese orden por número de individuos con el linaje R1b).Aún hoy, al comparar las historia de Perilla, 'el conde de Pamplona', con la del verdadero, el francés, no puedo evitar el preguntarme si tienen alguna relación. Y, si es así, cómo, después de 700 años, se pudo mantener esta tradición oral... Y más: ¿cómo sucedió la migración desde Sudán, pasando por Iraq hasta llegar a Irlanda e Inglaterra, y de ahí a España, Portugal, Francia...? ¿Cómo podría rastrearse, con nombres propios, semejante odisea...?Tal vez, algún día, logre averiguarlo completamente.Así, pues, como el lector podrá constatarlo por sí mismo, sería infantil no admitir que me siento profundamente complacido de ser descendiente de Pedro Alonso Niño, el gran Descubridor y capitán de los Océanos. Me proporciona un sentido de pertenencia y me ubica en la historia proveyéndome algunas respuestas a la gran pregunta social de cómo llegué a existir. Por otra rama de la familia alcancé a remontar hasta el siglo XI, con referencias seguras al año 700 de nuestra era, época en que los antepasados de esta línea habitaban el norte de Francia, región extremadamente católica y supersticiosa donde ya se practicaba la costumbre familiar –y hablo de esta familia- de patrocinar la construcción de Capillas, Iglesias y catedrales; amén de asegurar la manutención perpétua de los clérigos con el fin de ganar –creo yo- la salvación eterna para sí mismos y para sus descendientes. Es impresionante la cantidad de miembros de esta familia que escogieron la vida clerical y monástica. Y no menos sorprendente es comprobar cómo esta inclinación milenaria pareciera haberse incorporado al código genético, como una mutación que no admite el retorno a lo esencial.Sobra decir que en el transcurso de tantos años de trabajo he contraído deudas de gratitud con numerosas personas e instituciones. Debo especial agradecimiento al historiador Fernando Restrepo Uribe quien dedicó muchas de sus horas de trabajo y descanso para explicarme pacientemente hasta los más básicos rudimentos de esta rama de la Historia. A mi maestro, el inolvidable Germán Arciniegas y su Correo de los Andes. Al escritor Próspero Morales Pradilla y al médico Alfonso Vargas Rubiano, al equipo de investigación de las Genealogías de Santa Fe de Bogotá, a Ronald J. Bettencourt, Rafael Roa Medina y Misael Perilla Leguizamón sin cuyas investigaciones ésta sería prácticamente imposible. Al sacerdote salesiano Jaime Morales Alfonso; al economista Santiago Araoz-Fraser, Álvaro Torres Barreto, María Luisa de Mier Riaño, Germán Perilla Aldana, Jaime Humberto Perilla Díaz, Alicia Santa María de Cuervo, Mario Andrade Perilla, Elvira Cuervo de Jaramillo, Pablo Perilla Merchán, Elisa Villate Bonilla; y a tantos otros parientes que soportaron mis visitas y llamadas telefónicas a horas absurdas.Estoy igualmente agradecido con doña Mercedes Borrero de Curcio, de la Biblioteca Nacional, quien contra viento y marea conseguía para mí el material necesario, aunque estuviese en proceso de clasificación. Gracias también a Lesbia Varona, bibliotecóloga en la universidad de Miami, USA; a los funcionarios anónimos del Archivo de Indias en Sevilla, del Archivo Nacional de Colombia, de los archivos regionales y parroquiales.Mención particular a don Manuel Ballesteros Gaibrois, eminente historiador y antropólogo, quien soportó durante tanto tiempo mi 'juvenil inmadurez' como él denominaba elegantemente a mi vulgar ignorancia. A Jorge Orlando Melo y Germán Colmenares, cuyas investigaciones también sirvieron de base a este trabajo. En deuda estoy también con Pablo Ortiz Lozano, Marina Obregón de Ortiz y Susana Ortiz Obregón; con José Luis de La Lombana y Graciela Nuñez. Y con muchas otras personas cuyos nombres guardo gratamente. Un lugar especial les reservo a Andrea Torres y nuestros hijos, quienes debieron llevarse la mayor cuota de sacrificio.¿Excusas...? También. Ofrezco mil disculpas a los verdaderos historiadores y a los auténticos genealogistas a quienes seguiré tomando como ejemplo.

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Transliteraciones de Nombres de Perilla

TransliteraciónICU LatinPorcentaje de Incidencia
Perilla en el árabe lenguaje
بريلاbryla-

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